Hacia un Fortalecimiento de Identidades

En este marco, uno de los objetivos centrales de toda política debiera ser el incremento de la diversidad social en el espacio. El fortalecimiento de identidades territoriales y del sentido de pertenencia a un barrio es una efectiva manera de intervención para asegurar un mayor acceso a la ciudad por parte de los diferentes sectores sociales, incluso los más vulnerables. La intervención directa sobre las áreas de guetización, sobrepobladas, tugurizadas y vandalizadas, permitiría generar nuevos desarrollos residenciales en áreas medias. Asimismo, es importante colaborar en el impulso a grupos de minorías a partir de su sobre-representación, de modo de instalar diversidad donde no la había, consolidando a las pequeñas comunidades locales.

También es necesario abordar aquellos problemas de desintegración social y de violencia de muchos barrios populares de la ciudad. Por otro lado, en el menú de políticas a aplicar, debieran promoverse mecanismos de transferencia del potencial constructivo de áreas a preservar hacia otras estratégicas a desarrollar, de modo de evitar alzas especulativas de los precios del suelo. Buenos Aires debe asumir sus problemas crecientes de segregación residencial. Solo así podrá comenzar luego a aplicar programas de actuación en favor de una movilidad social ascendente que reoriente a las dinámicas urbanas y que promueva un mayor acceso a la ciudad, con una mayor interacción física entre grupos que comparten el territorio.

Fomentar la reintegración social y urbana es fundamental para el abordaje de la segregación en la ciudad. Sin embargo, en todos estos procesos hay un papel de liderazgo político en favor del derecho a la ciudad que el Estado indelegablemente debe asumir. De no ser así, deberemos resignarnos a vivir en una ciudad cada vez más fragmentada, más injusta, más violenta.

https://arq.clarin.com/arq/urbano/Buenos-Aires-ciudad-segregada_0_SyWWbpiwQx.html

Distancia Social con Proximidad Espacial

La ocupación reciente por sectores de altos ingresos en áreas de periferia, en territorios de población pobre, intensifica la separación y promueve una aproximación de diferentes grupos sociales en el espacio. Allí entonces surgen los puestos de seguridad, los altos muros y los cercos electrificados al mismo tiempo que disminuye la distancia física entre ricos y pobres. Asimismo, el intenso desarrollo inmobiliario de las periferias ha contribuido a intensificar también la segregación, que se tornó más aguda en una superficie más reducida. Y, por otro lado, los programas habitacionales impulsados por el Estado eligen localizarse en aquellos suelos más depreciados, asentando pobres donde ya los había, consolidando pobreza donde ya existía.

El Estado fija tamaños mínimos de lotes, usos del suelo, condiciones de la edificación e instrumentos jurídicos para proteger a unos de otros. Y esto se logra mediante el uso de poder y orientando el mercado de suelo. El nuevo paisaje de la ciudad, homogéneo en pobreza y en desigualdades, forma parte entonces de políticas impulsadas y sostenidas oficialmente. La segregación residencial de Buenos Aires no resulta ser un proceso tendencial sino, por el contrario, provocado, inducido, planificado e instituido. Como este tipo de dinámicas está vinculado a la propia acción del Estado, existen pues oportunidades para operar con estrategias que tiendan al control de sus efectos. Pero pareciera ser mejor no hablar de ciertas cosas…

La segregación genera problemas urbanos de accesibilidad y de falta de servicios y de equipamientos, y otros sociales derivados del aislamiento físico. Si bien las distancias sociales se han incrementado, en los mismos términos se han reducido las espaciales. Esta aproximación conduce a procesos de fortificación extrema de unos y de desintegración social de otros.

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Procesos de Segregación

En Buenos Aires se observa una tendencia creciente hacia la segregación residencial que pone en evidencia el fuerte proceso de fragmentación social y urbana por el que atraviesa. Si bien inicialmente la pobreza informal se recluía en áreas periféricas, en la actualidad, muchos de los nuevos desarrollos residenciales de prestigio han abandonado sus barrios tradicionales de concentración para alojarse en zonas de periferia -sitio de residencia tradicional de los sectores pobres-, acortando las distancias entre sí en la disputa por el territorio. ¿Hablamos de una situación espontánea o, en cambio, impulsada y promovida con políticas activas?

Hasta los años ´80 el desarrollo urbano tendía a concentrar a la población de mayores ingresos en las áreas consolidadas y ofrecía gradientes de decrecimiento social y físico hacia la periferia. Así, los sectores medios aseguraban cierta distancia entre ricos y pobres, con espacios públicos de calidad en el centro y espacios deteriorados y mal servidos en los bordes. Con menor separación física entre grupos sociales, se consagran marcados contrastes y una distribución asimétrica de oportunidades. El espacio público expresa las desigualdades urbanas en respuesta a esas fuertes diferencias sociales. Entonces, el proceso creciente de segregación de grupos pauperizados genera una periferia homogéneamente pobre.

Más que por condiciones étnicas, migratorias, religiosas o etarias, la segregación residencial que afecta a Buenos Aires es predominantemente de carácter socioeconómico. Esto determina un distanciamiento social de la población en el territorio. En efecto, así planteada, esta segregación corresponde a un proceso de formulación de acuerdos colectivos. Entonces, en Buenos Aires la segregación en la ciudad no se trataría de un proceso espontáneo sino, por el contrario, de un proceso construido. Cuando se consolida la homogeneidad social en el espacio los efectos se tornan negativos porque las minorías son excluidas y empujadas hacia áreas peores. Esto produce la desintegración social entre pobres, impulsados por el mercado de tierras.
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La Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad

La noción de derecho a la ciudad fue inicialmente propuesta por un reconocido exponente de la Escuela Francesa de Sociología Urbana —Henri Lefebvre (1973)—, a fin de cuestionar la excesiva subordinación del espacio urbano a las necesidades de la industria y del capital. Pero dicha noción ha sido largamente revisada y resignificada, como recientemente se ha hecho en la CMDC10. En esta se conceptualiza el derecho a la ciudad como un derecho complejo e integral, que presenta varios componentes: el derecho a la vivienda, al trabajo, a un medioambiente sano y sostenible, al desarrollo, a la participación en la planificación y gestión urbana, al patrimonio y a la herencia histórica y cultural (Art. 1).

Mediante figuras tales como la “función social de la ciudad”, la cmdc incorpora también elementos que remiten a la problemática de la integración, del vínculo social y el ejercicio de ciudadanía. Afirma que las ciudades deben ejercer una función social, garantizando a todos sus habitantes “el usufructo pleno de los recursos que la misma ciudad ofrece” y asumiendo la realización de proyectos e inversiones en beneficio de la comunidad urbana en su conjunto. Sostiene, además, que las políticas urbanas deben promover el uso socialmente justo del espacio urbano e “inhibir la especulación inmobiliaria” (Art. 2): “En la formulación e implementación de las políticas urbanas debe prevalecer el interés social y cultural colectivo por encima del derecho individual de propiedad y los intereses especulativos”.

Con respecto al ejercicio de ciudadanía, la CMDC incorpora el principio de no discriminación y el derecho “a la igualdad de derechos” (Mathivet, 2010, p. 26): asevera que todas las personas tienen derecho a la ciudad sin discriminaciones de ingreso, etnia y género (Art. 1), y que las urbes deben asegurar el bienestar colectivo de sus habitantes en condiciones de igualdad, equidad y justicia (Art. 2).

El documento hace también hincapié en el desarrollo urbano, señalando que la planificación y la gestión urbano-ambiental deben garantizar el equilibrio entre el desarrollo urbano y la protección del patrimonio histórico, arquitectónico, cultural y artístico e impedir la segregación y la exclusión territorial (Art. 5). 10

Como se adelantó, las críticas de los vecinos de La Boca contra la creación de un Distrito de las Artes aludieron al conjunto de derechos recién enumerados. Desde su perspectiva, la puesta en vigencia de esa normativa va contra el cumplimiento efectivo de tales derechos, los vulnera o violenta. Así, los testimonios antes reproducidos objetaron que el proyecto había sido elaborado por el poder de manera unilateral, vulnerando el principio de participación en la planificación y gestión urbana. Aseveraron que el derecho a la vivienda de los sectores populares que habitan en inquilinatos, de artistas y vecinos de clase media que arriendan sus talleres o viviendas se verá fuertemente comprometido, dada la presión que ejercerá el sector inmobiliario, acicateado por las facilidades económicas que se le ofrecen. Expresaron que lejos de limitarla, el proyecto de ley fomenta la especulación inmobiliaria. De resultas, indirectamente señalaron que va contra la función social de la ciudad. También indirectamente, sostuvieron que vulnera el derecho “a la igualdad de derechos” (Mathivet, 2010, p. 26) y el principio de no discriminación, por cuanto — según denunciaron— brinda un trato diferencial a empresarios e inversores externos, a quienes se favorece a expensas de los ciudadanos que ya residen en el área. Cuestionaron enérgicamente el modelo de desarrollo que pretende impulsar la normativa, al señalar que no tiene como propósito promover el desarrollo social de la población local ni generar fuentes de trabajo para esta última, sino que fomenta el desarrollo urbano especulativo y la apropiación privada del suelo urbano. Denunciaron que dicho modelo va contra la protección del patrimonio en todas sus variantes, indicaron que desarticulará las redes sociales y el tejido social local, y que atenta también contra la identidad barrial. Aseveraron críticamente, por último, que generará un fuerte proceso de segregación y de expulsión socioterritorial.

Conventillos de La Boca

Según algunas versiones, los conventillos que hoy distinguen el área fueron inicialmente levantados por inmigrantes genoveses que llegaron a esta zona a finales del siglo XIX (Lacarrieu, 2007). Efectivamente, en aquel momento, la vivienda conventillo predominaba claramente en La Boca (Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, 1988, p.15). Casi un siglo después, en 1980, el porcentaje de la población boquense que habitaba en vetustos inquilinatos era aún muy elevado, totalizando el 36% de los hogares contra un total de 3,2% que presentaba la Capital (Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, 1988, p. 22). Si bien ese porcentaje descendió al 17,6% en 2001 (Redondo & Singh, 2008, p. 113), la cifra sigue siendo muy alta en comparación con la media de la ciudad, que rondaba el 3%.

Hoy en día, La Boca pertenece a una de las dos comunas de la ciudad (la Comuna 4) que presentan los índices más elevados de hogares residentes en piezas de inquilinato (el 4,98%, contra un 2,2% de la Capital en su conjunto)3. Según el Censo Nacional 2010, continúa registrando además los mayores índice de pobreza, junto a otros barrios localizados igualmente en la zona sur de la ciudad (Comisión de Vivienda del Consejo Económico y Social, 2013, p. 28).

La alta concentración de instituciones dedicadas al desarrollo de actividades sociales y comunitarias (comedores, merenderos, centros que brindan apoyo escolar, bachilleratos populares, cooperativas de vivienda, radios comunitarias, y otras) y la presencia de una importante comunidad de artistas independientes que residen, poseen sus talleres y desenvuelven su actividad creativa en La Boca, son otros elementos que singularizan ese espacio. Ciertamente, desde el momento en que el reconocido artista boquense Benito Quinquela Martín (1890-1977) y otras destacadas figuras —Alfredo Lazzari, Fortunato Lacámera, Eugenio Daneri, Víctor Cunsolo, Miguel Carlos Victorica— comenzaron a retratar el paisaje local, y otras a animarlo con su música, el barrio de La Boca quedó fuertemente asociado a las artes y la cultura4 (Thomasz, 2014, p. 95). Además de haber encontrado en el paisaje boquense una poderosa fuente de inspiración estética, Quinquela Martín legó importantes instituciones al barrio: inauguró la Escuela Museo Pedro de Mendoza en 1936, fundó el lactario y el jardín de infantes, creó el Instituto Odontológico Infantil y construyó el Teatro de la Ribera (Iparraguirre, 2001, p. 14). Asimismo, en el decenio de 1950 intervino artísticamente las fachadas de los conventillos ubicados en una callejuela del barrio hoy conocida como Pasaje Caminito.